En la consultora McKinsey tienen un análisis sobre micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) en varios países del mundo. Desde la Corporación Grande Pyme le pidieron sumar a Chile y el resultado completo de esa indagación fue presentado ayer ante un grupo de especialistas y representantes del sector público y privado. La conclusión más tajante es que, si un conjunto de microempresas y pymes consiguiera ajustar al alza su productividad, el resultado sería un encendido al motor general de la actividad en Chile.
‘Si las mipymes chilenas alcanzaran niveles de productividad cercanos a los de las economías avanzadas, el PIB nacional podría aumentar hasta en 6%’, resumió el socio y director general de la consultora en Chile, Jaime Szigethi.
Otros resultados —algunos adelantados por ‘El Mercurio’— muestran que Chile tiene a sus mipymes rezagadas respecto de las grandes empresas, con una brecha que es mayor que en las economías más ricas.
Katia Trusich, directora ejecutiva de Grande Pyme —una corporación que reúne a empresas que apoyan al segmento de mipymes—, indicó que las firmas con más recursos ‘deben ver en las pequeñas a sus futuros proveedores, y aportar en su formación, financiamiento y acceso a mercados. Crecer como país implica crecer juntos’.
Informalidad y falta de escala
Un problema de esas pymes, sin embargo, es la alta informalidad en que se mueven, comentaron los académicos Pablo García y David Bravo.
También hay una dificultad para escalar los esfuerzos. La empresaria Alejandra Mustakis, que analizó el estudio, comentó que el nivel de exigencia de las compañías grandes es alto. ‘Si un emprendedor vende en Chile a una empresa grande, puede vender en todo el mundo’, ilustró.